viernes, 6 de marzo de 2009

Los secretos de "Watchmen"



El volumen ‘Watching the Watchmen’ muestra la génesis del cómic que cambió el género superheroico

El guionista Alan Moore (Northampton, Reino Unido, 1953) se propuso en 1985, con poco más de treinta años, escribir algo completamente diferente. Algo que nunca antes se hubiese visto en los cómics de superhéroes. Se trataba de abordar cómo serían en la vida real esos tipos que se disfrazan para tomarse la justicia por la mano. Seguro que no serían modelos de conducta, sino más bien gente bastante marginal, con algún que otro desorden en la cabeza. Probablemente, esos autoproclamados justicieros crearían más problemas de los que pretendían solucionar. ¿Y, al final, quién los vigilaría a ellos?
En esta pregunta tenía Moore el germen de lo que buscaba. Y partir de ahí construyó, junto al dibujante Dave Gibbons, la rompedora miniserie Watchmen, doce númeors publicados entre 1986 y 1987 que supusieron un hito. Dio un repaso radical a las convenciones del género superheroico y mostró todo lo que se podía hacer con el arte secuencial. Aquella idea inicial, resumida en una cita de la sátira VI del poeta Juvenal (¿Quién vigila al vigilante?), figura en uno de los primeros esbozos del guión de la serie, recogidos en el volumen Watching the Watchmen (Norma Editorial), que repasa la génesis de la obra a partir de notas, bocetos y páginas originales. En ellos, guionista y dibujante fueron desarrollando poco a poco la historia que cambiaría el modo de leer las aventuras de superhéroes. Es un recorrido que permite analizar algunos de sus ingredientes más innovadores.
LA IDEA:
El objetivo, tal como indica el propio Moore en la edición absolute de Watchmen, era ubicar a los enmascarados en el mundo real. Ello le proporcionó un punto de partida muy fecundo. No sólo se adentraría en la personalidad distorsionada de los aventureros enmascarados, sino que podría analizar cómo la aparición de un superhéroe de verdad (el Dr. Manhattan, una especie de semidiós que controla la energía atómica) alteraría el curso de la historia. Lo que, en 1985, en plena Guerra Fría, significaba que Moore tendría que reflexionar sobre la relación estratégica entre las superpotencias estadounidense y soviética. También reflejaría la reacción psicológica de la población ante la presencia de un ser muy parecido a Dios y el vertiginoso desarrollo tecnológico que podría conllevar.
De hecho, es el nacimiento de ese ser, en los años 60, lo que da lugar al cambio de la historia mundial y a la realidad alternativa en la que se sitúa Watchmen. Los Estados Unidos han ganado la guerra de Vietnam y su presidente, Richard Nixon, ha sido reelegido tras cambiar la Constitución. En 1977, cansados de disturbios sociales contra los superhéroes (¡Placas, no máscaras!, protesta la policía), el Gobierno ilegaliza a los “aventureros enmascarados”.
El cómic arranca en 1985 con el misterioso asesinato de un vigilante retirado, el Comediante. Otro justiciero, Rorschach emprende una investigación para descubrir al culpable y determinar si se trata de un complot para acabar con todos los encapuchados. La trama detectivesca, sin embargo, es casi tan sólo una excusa para atraer al lector al mundo de Moore, como sugiere Gibbons en Watching the Watchmen.


LOS PERSONAJES:
La idea inicial de Moore era construir su historia a partir de unos viejos personajes de la editorial Charlton Comics, que acababa de ser adquirida por DC, el sello que iba a publicar Watchmen. Estos eran Atom, Blue Beetle, Peacemaker, Thunderbolt, Black Canary y Question. Pero al final no pudo usarlos y tuvo que crear unos nuevos. Eso sí, con plena libertad. Así, ideó a Rorschach, una especie de Taxi driver desequilibrado y con un sentido de la justicia maniqueo; el Comediante, un supersoldado brutal; Búho Nocturno, un fetichista que sólo se excita cuando se calza el disfraz de justiciero; y Ozymandias, un megalómano capaz de sacrificar millones de vidas para salvar el planeta. Y, por último, el Dr. Manhattan, el único personaje con superpoderes. Convertido en un ser semidivino debido a un accidente científico, que le hace capaz de controlar los átomos y el tiempo, su omnipotencia lo aleja poco a poco de las emociones humanas. La destreza de Moore se hace patente en el retrato ambiguo de semejante elenco; de igual modo que es ambigua su aproximación al género superheroico, nostálgica y crepuscular a un tiempo.
LA NARRATIVA:
Watchmen tendría que ser rompedora no sólo por su historia sino también por la manera de contarla. Moore combinó varias subtramas (el cómic dentro del cómic Relatos de la fragata negra, la relación entre un quiosquero y un lector gorrón, los flashbacks sobre el pasado de cada personaje y sopre los Minutemen, uno grupo de enmascarados de los años cuarenta) para crear un relato muy complejo, eminentemente anticlimático, dominado por una desazón nihilista.
También el aspecto visual debía acomodarse a semejante proyecto. Y ahí intervino Gibbons, que decidió dividir las páginas del cómic en una pauta regular de nueve viñetas. Toda la serie se desarrolla sobre adiciones y divisiones de ese patrón original, como se aprecia en las planchas reunidas en Watching the watchmen. Esta disposición “permitía a Moore un control narrativo sobre el ritmo y la yuxtaposición de los elementos de la historia”, escribe Gibbons. Y, las composiciones de página a menudo resultaban muy cinemáticas, con sutiles juegos de perspectiva (un solo plano dividido en tres escenas) y movimientos de cámara (como los travellings al principio y final del primer episodio). A ello se añadió un trazo detallado y nítido, afín a la línea clara de la escuela francobelga, que contrastaba con el estilo de los cómics de superhéroes la época. El conjunto lo completó la insólita paleta de colores secundarios del colorista John Higgins. El resultado deslumbró a los colegas. “Es un puto diez”, les espetó el historietista estadounidense Howard Chaykin tras ver el primer número.

SUBTEXTOS:
Otra de las innovaciones de Moore fue la documentación añadida al final de cada capítulo, en la que se podía profundizar en el desarrollo psicológico de un personaje o contextualizar alguna subtrama. Ahí están los capítulos de la autobiografía Bajo la máscara, en la que Hollis Mason, el primer Búho Nocturno, ya retirado, descubre por qué decidió calzarse las mallas para repartir justicia. Y también están las entrevistas con Sally Jupiter, alias Espectro de seda, en las que confiesa que se hizo superhéroe por el dinero y la fama, o los informes psicológicos sobre Walter Kovacs, alias Rorschach, hijo de una prostituta y víctima de maltrato infantil. También se adjunta una entrevista con el empresario Adrian Veidt, ex Ozymandias, dueño de un emporio empresarial construido a partir de sus derechos de imagen como justiciero, y un artículo de la revista conservadora New Frontiersman, que apoya a los enmascarados, titulado El honor es como el halcón: a veces debe ir enmascarado”. Se trata de un conjunto textual que completa la obra y multiplica sus lecturas.
REFERENCIAS:
Watchmen es una mina de referencias culturales, literarias, cinematográficas y musicales. Sería osado intentar una enumeración, pero se pueden comentar algunas para dar una idea del alcance de la tupida red hipertextual tejida por Moore. El título de cada episodio es una cita. Quizá el más popular sea el quinto, ‘Aterradora simetría’ (Fearful symmetry), que remite al poema The Tyger, del poeta y pintor decimonónico William Blake. El resto evocan el Antiguo Testamento, Friedrich Nietzsche, Carl Gustav Jung, Albert Einstein y Bob Dylan, entre otros. Luego están el cine Utopia, en el que se proyecta Ultimátum a la tierra, el concierto del grupo Pale Horse (nombre extraído del Antiguo Testamento) y su concierto Krystalnacht (que recuerda la noche de los cristales rotos, del 9 de noviembre de 1938, durante la que los nazis atacaron a la población judía, en un pogromo que dejó 90 muertos y miles de detenidos que luego serían deportados)… Tampoco se quedan atrás las citas musicales: You’re my thrill, de Billie Holliday, Walking on the moon, de The Police, The times they are a-changin’, de Bob Dylan… Y todas tienen su sentido dentro de la trama.

CONCLUSIÓN:
Moore ha sido acusado de abrazar demasiados temas y de abrir demasiados frentes que luego no supo cómo resolver. Algunos consideran el final, en el que se descubre una gran conspiración, algo precipitado. Las opiniones son libres, pero el hecho es que Moore llevó el cómic de superhéroes un paso más allá de lo que nadie lo había hecho nunca. Además, ¿y si la leyenda del nudo gordiano (un nudo que nadie sabía desenredar y que Alejandro Magno solucionó de golpe: lo cortó de un espadazo), que aparece como motivo recurrente, fuera un guiño a su propia manera de resolver Watchmen: con un tajo que deshiciera el embrollo narrativo? En cualquier caso, si lo que Moore se propuso fue mostrar las posibilidades inexploradas que ofrecía el cómic, lo consiguió con creces.
Texto original de Abel Grau
Fuente:
Diario El País