domingo, 11 de enero de 2009

"Diccionario de onomatopeyas del cómic" registra 550 traducciones escritas de los ruidos



Como ya hicieron en El discurso del cómic (1988), Luis Gasca y Román Gubern aúnan esfuerzos en Diccionario de onomatopeyas del cómic (Cátedra), volumen que documenta el uso en la historieta de más de 550 de estas “figuras retóricas de dicción y, más precisamente, iconos acústicos, pues aspiran a convertirse en traducción, oral y/o escrita, de los ruidos”, en palabras de los autores.



El catálogo no se limita a las onomatopeyas puras sino que se apropia de sus “frondosos entornos”. Cada entrada, de aaa ("suele designar un grito humano desgarrador") a zzz (representación “de la respiración profunda que acompaña al sueño”, pero también “de un zumbido”), va acompañada de una breve glosa y de una o varias viñetas que ilustran su utilización en el cómic.

El prólogo del inventario no se titula De la onomatopeya como una bella arte porque sí. Como explican Gasca y Gubern, “los dibujantes han trabajado a fondo y con mucha frecuencia la plasticidad de los significantes visuales de las onomatopeyas, que tienden hacia la iconización, con letras con perfiles temblorosos, en forma de dientes de sierra, con estalactitas en su borde inferior, etcétera”. Esto es, la onomatopeya ha adquirido en la historieta categoría de recurso gráfico de primer orden y ha generado una “inmensa riqueza, tanto plástica como semiótica”.

La potencia artística y expresiva de la caligrafía de la onomatopeya fue detectada por el artista pop Roy Lichtenstein, quien la empleó en obras como As I opened fire (1964). Otro tanto hizo William Dozier en la teleserie pop de los años 60 Batman, que enfatizaba con onomatopeyas dibujadas las peleas.



“El vistoso protagonismo plástico de muchas onomatopeyas, dominando por su tamaño espectacular la mayor parte del espacio de una viñeta”, cuentan Gasca y Gubern, imposibilita su borrado y traducción, así que se ha producido “un fenómeno de exportación y universalización de las onomatopeyas”. Boom (explosión) y bang (disparo) son casos paradigmáticos.


Fuente: El Periódico